Hablar sin cesar no siempre significa comunicarse.
Hablar por hablar es como hablar por rutina, sin decir nada.
El ser humano tiende a la rutina, y en eso nos convertimos.
El problema de la rutina es que llega un punto en el que no puedes con ella.
Y al cabo de un tiempo se necesita paciencia para continuar.
Todo lo que necesitamos es un poco de paciencia.
Pero la paciencia tiene unos límites.
Unos límites que se rigen por el tiempo, y por supuesto por el espacio.
Si el amor se convierte en rutina se convierte en amor limitado.
Y del amor al odio sólo hay un paso.
Aun no sé qué tiempo le queda a tu paciencia.
Aun no sé a cuántos kilómetros estás de dar ese paso.
O a cuántos metros.
A lo mejor ya lo has dado.
El amor es cosa de dos hasta que uno se va.
El amor tiene la mala costumbre de desaparecer.
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